Felices los que creen, aman y esperan

octubre 13th, 2011

¿Puede un niño salir adelante habiendo perdido a su padre antes de los dos años, quedando al cuidado de su madre  que es   analfabeta y sorda? La verdad que las estadísticas dirían que es muy poco probable. Sin embargo, los milagros existen.

A continuación les reproduzco la carta que envío este niño a su profesor el día que obtuvo su premio Nobel

“París, 19 de noviembre de 1957.

Querido señor Germain:
Esperé a que se apagara un poco el ruido que me ha rodeado todos estos días antes de hablarle de todo corazón. He recibido un honor demasiado grande, que no he buscado ni pedido. Pero cuando supe la noticia, pensé primero en mi madre y después en usted. Sin usted, sin la mano afectuosa que tendió al niño pobre que era yo, sin su enseñanza y su ejemplo, no hubiese sucedido nada de todo esto. No es que dé demasiada importancia a un honor de este tipo.

Pero ofrece por lo menos la oportunidad de decirle lo que usted ha sido y sigue siendo para mí, y de corroborarle que sus esfuerzos, su trabajo y el corazón generoso que usted puso en ello continuarán siempre vivos en uno de sus pequeños escolares, que, pese a los años, no ha dejado de ser su alumno agradecido.
Lo abrazo con todas mis fuerzas.
Albert Camus.”

En este día del profesor un saludo a todos los educadores que creen, aman y esperan lo mejor de cada uno de sus estudiantes.

Afectuosamente,

Roberto Soto Molina, director.

roberto.soto@lirima.cl

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